Una de las rutas más conocidas y más frecuentadas de la
sierra de Cazorla, que realmente merece la pena. Ida y vuelta suman 22
kilómetros y un desnivel acumulado de más de 1.500 metros, por lo que conviene
tomárselo con calma, si bien no es un trayecto que presente grandes
dificultades.
La ruta parte junto a una piscifactoría y comienza siendo
una pista forestal, por la que incluso circulan algunos todoterrenos, con la
incomodidad que supone el polvo que levantan. Pronto el camino se adentra por
un desfiladero acondicionado para que se pueda caminar por él cómodamente. El
agua del río Borosa baja límpida entre los peñascos y la vegetación.
El camino hasta la central eléctrica es prácticamente llano
y es a partir de aquí cuando comienza la ascensión hasta el nacimiento del río
Borosa. Comienza aquí el tramo más complicado, tanto por el desnivel como por
lo pedregoso del terreno. Conviene señalar que a partir de la central eléctrica
hay carteles que advierten de desprendimientos, por lo que hay ir con precaución. Una pequeña laguna o piscina natural evoca a los cenotes
mejicanos.
El último tramo de la subida consiste ni más ni menos que en
atravesar una montaña. Tal cual. Se trata de túneles excavados para canalizar
el agua. Son estrechos, oscuros y húmedos, pero si tu claustrofobia no es excesiva
se pasan sin problemas.
Pasados los túneles se accede a un embalse y poco
después a la fuente de la que brota el Borosa. El regreso se realiza por el mismo camino. Al ser prácticamente todo cuesta abajo, no se acusa demasiado el cansancio por los kilómetros acumulados. Una ruta obligada para los amantes del senderismo.





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